Las noches me atacan, me susurran, me matan, me dicen que morir es la solución, que vivir sin intención no es más que diluirme poco a poco.
Me tomo el pelo, lo amarro y dejo entrar el frío en mis entrañas, el frío del filo me asusta, pero no me dejo atemorizar y luego la sangre corre por los brazos que eran parecidos a la nieve, por lo frío y blanco, solo que ahora con flores rojas alrededor.
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Cartas a cualquiera